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Psicóloga infantil en Córdoba
Terapia infanto-juvenil
A veces no sabemos exactamente qué les pasa, pero sí que algo no va bien.
La terapia infanto-juvenil es un espacio para entenderlo y acompañarles de forma adecuada.
¿Qué es la Terapia infanto-juvenil?
La terapia infanto-juvenil es un proceso de intervención psicológica adaptado a niños/as y adolescentes, teniendo en cuenta su etapa evolutiva, sus necesidades y su forma de expresar lo que les ocurre. Ya que, a diferencia de las personas adultas, no siempre utilizan la palabra como principal vía de comunicación, por lo que se emplean herramientas como el juego, el dibujo o diferentes técnicas adaptadas a su edad.

A través de este proceso, se exploran las dificultades emocionales, conductuales o relacionales, así como los contextos en los que aparecen (familia, escuela, entorno social). El objetivo no es solo que “dejen de tener el problema”, sino entender qué lo está manteniendo y ayudarles a desarrollar recursos para gestionarlo de forma más adecuada.

El trabajo no se centra únicamente en el/la menor, sino que incluye la colaboración con la familia u otros espacios relevantes, ofreciendo orientación y pautas que permitan acompañar los cambios también fuera de sesión. De esta forma, la intervención se plantea de manera estructurada, personalizada y ajustada a cada caso.
¿Cuándo es recomendable acudir?

No siempre es fácil saber cuándo una situación forma parte del desarrollo evolutivo y cuándo puede ser conveniente pedir ayuda. En muchos casos, las dificultades aparecen de forma progresiva o se expresan de maneras que generan dudas. Por ello, puede ser recomendable acudir a terapia infanto-juvenil cuando se observan:

 

  • Cambios significativos en el comportamiento (irritabilidad, aislamiento, rabietas frecuentes, desobediencia…)

  • Dificultades emocionales como ansiedad, miedos intensos, tristeza o inseguridad

  • Problemas en el ámbito escolar (rendimiento, atención, relación con compañeros/as)

  • Baja autoestima o dificultades en la imagen de sí mismo/a

  • Problemas en las relaciones familiares o sociales

  • Situaciones vitales que pueden resultar difíciles de gestionar (separaciones, duelos, cambios importantes…)

Más allá de la intensidad del problema, cuando algo preocupa de forma constante o genera malestar en el día a día, suele ser buen momento para consultarlo.

¿Cómo es el proceso terapéutico?

El proceso de terapia infanto-juvenil se estructura en diferentes fases, adaptándose siempre a las necesidades de cada caso:

  1. Primera sesión (con padres, madres o tutores/as). Se realiza una primera entrevista sin el menor, en la que se recoge información sobre lo que está ocurriendo, el motivo de consulta y el contexto familiar. Este primer encuentro permite comprender la situación y orientar los siguientes pasos.

  2. Evaluación. Durante las primeras sesiones se lleva a cabo una evaluación en la que, además del trabajo con el menor, se recoge información relevante sobre su desarrollo, su entorno y las dificultades que presenta. Esta fase permite entender qué está ocurriendo y definir los objetivos de la intervención.

  3. Intervención. Una vez establecido el plan de trabajo, se inicia la intervención con el menor, utilizando técnicas adaptadas a su edad y características. El objetivo es ayudarle a comprender lo que le ocurre, desarrollar herramientas para gestionar sus emociones y favorecer cambios en su comportamiento y en su forma de relacionarse.

  4. Trabajo con la familia. De forma paralela, se mantienen sesiones periódicas con la familia para compartir avances, ajustar el proceso y ofrecer pautas que permitan acompañar los cambios también en el día a día. La implicación familiar es un elemento clave para que la intervención sea efectiva.

En conjunto, se trata de un proceso estructurado pero flexible, que se adapta al ritmo del menor y a las necesidades específicas de cada familia.

Si crees que tu hijo/a puede necesitar ayuda o tienes dudas sobre su situación, puedes ponerte en contacto para valorar el caso y orientarte.
¿Cuál es el papel de la familia?

En la terapia infanto-juvenil, la familia es una parte fundamental del proceso; ya que, el malestar del niño/a o adolescente no aparece de forma aislada, sino dentro de un contexto relacional, por lo que entender y trabajar ese entorno es clave para que haya cambios reales.

La implicación de la familia permite comprender mejor qué está ocurriendo, cómo se están manejando las dificultades en el día a día y qué dinámicas pueden estar influyendo, sin buscar culpables, sino soluciones.

Así, a lo largo del proceso, se realizan sesiones periódicas con padres, madres o tutores/as en las que se ofrece orientación y pautas concretas para abordar las situaciones que generan malestar. Esto facilita que los cambios no se queden solo en sesión, sino que puedan trasladarse al entorno cotidiano.

No se trata de hacerlo “perfecto”, sino de contar con herramientas y acompañamiento para responder de una forma más ajustada a lo que el/la menor necesita en cada momento. Cuando la familia se implica, el proceso terapéutico es más eficaz y los cambios suelen ser más estables en el tiempo.

¿Cómo trabajaremos en sesión?

Vínculo terapéutico seguro

Juego terapéutico

Respeto por el ritmo de cada niño/a

Técnicas adaptadas a cada edad

Algunas de las dudas más frecuentes

¿A partir de qué edad pueden acudir a terapia? No hay una edad mínima estricta, ya que la intervención se adapta al momento evolutivo del menor. Se puede trabajar tanto con niños pequeños como con adolescentes, utilizando herramientas ajustadas a cada etapa.

¿Cuánto dura el proceso terapéutico? No hay una duración fija, ya que depende de cada caso, del tipo de dificultad y de la evolución del menor. Desde el inicio, se plantean objetivos y se va revisando el proceso de forma periódica.

¿Tengo que estar presente en las sesiones? Depende del caso y de la edad. Habitualmente, las sesiones se realizan con el menor, pero se combinan con sesiones periódicas con la familia para hacer seguimiento, orientar y trabajar aspectos importantes fuera de consulta.

¿Cómo sé si realmente necesita ayuda? Cuando hay cambios que preocupan, malestar que se mantiene en el tiempo o situaciones que no sabéis bien cómo manejar, suele ser un buen momento para consultar. No es necesario esperar a que el problema sea muy grave.

¿Se informa a la familia de lo que ocurre en sesión? Sí, pero respetando siempre el espacio del menor. Se comparten avances, aspectos relevantes y pautas de intervención, sin exponer detalles que formen parte de su proceso personal y de su confianza en sesión.

¿Y si no quiere venir a terapia? Es una situación bastante frecuente. En estos casos, se valora cómo abordar la situación para facilitar el inicio del proceso, sin forzar ni generar rechazo. Además, el trabajo con la familia puede ser un primer paso importante.

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